martes, 13 de septiembre de 2005

Anotemos

En los torneos, los jugadores suelen anotar todos los movimientos de la partida, tanto los de uno como los del contrario, de forma que se pueda saber qué se ha hecho.

Obviamente, origina algunas molestias. Los jugadores pierden tiempo en una actividad que no está relacionada directamente con pensar en los movimientos a hacer. Incluso pueden ponerse nerviosos, especialmente las primeras veces que se hace, cuando se equivocan o no saben qué turno es al ir a anotar. Algo parecido puede suceder cuando uno se olvida de darle al reloj, que al fin y al cabo están relacionados con la secuencia movimiento propio - darle al reloj - anotar - movimiento contrario - anotar, y volver al principio (tampoco estoy seguro de que sea la mejor secuencia).

Por esto no se suele ser muy exigente con la anotación. Es decir, no se va a penalizar a nadie porque no anote correctamente, aunque sí se le debe exigir que anote, bien o mal, al menos por respeto al contrario que sí está perdiendo su tiempo en anotar. Es más, si no recuerdo mal, en el pasado torneo en Barcelona, todos los jugadores cometimos algún error de anotación (aunque hay veces que no se sabe si fue de volteo o de anotación).

Sin embargo, habréis visto que el número de partidas recuperadas es bastante alto. Esto es así porque hay muchos errores que se pueden detectar. Si uno se salta uno o varios números (tendría que poner que un movimiento se hizo en el movimiento 16, y pone 18), es lo más fácil, realmente no hay ningún problema (especialmente si continúa con el 19 y se olvida del 17); lo mismo con otros casos.

Es aún más fácil recuperar las partidas si existen las dos transcripciones. Si uno se ha equivocado en un tramo, es posible que el otro no. Por eso es una mala práctica copiarse la transcripción del adversario. Aunque uno sólo sea capaz de anotar cuatro movimientos bien, puede que sean los que al adversario le falten.

Imaginemos que a partir del movimiento número 20 nos hemos perdido, creemos que se han hecho unos 5 movimientos que sabemos que hemos puesto mal o no hemos puesto. Pues en vez de abandonar la anotación, observamos qué movimiento se hace en ese momento y lo anotamos con el número que queramos: 28, 40, da igual. Quien tenga que interpretar la transcripción tendrá los primeros 20 movimientos, los 5 siguientes los tomará del adversario y de los demás se dará cuenta de que ese 28 o 40 realmente es un 26 y que a partir de ahí la secuencia está bien pero con números de más. Lo importante es no darle muchas vueltas.

Con lo que no se puede hacer nada, a menos que uno se dé cuenta en el momento, es con lo errores de volteo. Ha habido partidas en las que los he debido de cometer sin darme cuenta (o el contario) y partidas en las que me he dado cuenta y lo he hecho corregir al contrario. Es simplemente hablarlo rápidamente (por esto de que pasa el tiempo) si estamos seguros, o dejarlo pasar si no sabemos qué ha sucedido o cómo corregirlo.

Volviendo a las transcripciones, si provocan tantas molestias, ¿por qué anotamos? Simplemente porque tienen muchas ventajas. Por un lado, seguramente lo menos útil, sirven como prueba de que se ha ganado o perdido. Pero lo más importante es que gracias a haber anotado la partida, vamos a poder reproducirla más tarde. Tal vez haya quien se pregunte para qué queremos reproducirlas, pero eso es mejor que se lo conteste cada uno a sí mismo.